9 – La construcción


 

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El constructivismo radical

A partir de un escenario de necesidades surge todo lo humano.

Cada ser humano tiene necesidades a las que debe atender para mantenerse con vida, ya sean bienes materiales, espacios físicos, espacios de relacionamiento, afectos o emociones. Adolece de muchas cosas que necesita para el día a día, para la vida misma, esas necesidades lo hacen ir en búsqueda permanente de las disponibilidades que satisfagan sus necesidades. Es en ese momento cuando en su camino se encuentra con otros preocupados por la misma empresa, y así conoce lo común que no es otra cosa que la necesidad común que deviene en búsqueda común cuando intenta satisfacerla

Así, reconociendo el otro lo común que lo empareja, es que empieza a reunirse en torno a las disponibilidades que estén a su alcance. Por lo que el colectivo surge a partir de las disponibilidades. Hombres y mujeres, concurren en común unión hacia las disponibilidades, de esa manera se organizan y se conforman alrededor de algo que no les pertenece, que está allá afuera y que es capaz de satisfacer sus necesidades comunes.

La comunión surge entonces, a partir del entorno, o mejor dicho a partir de la diferencia[i] con éste. El entorno está provisto de lo que la comunidad adolece, esa es la diferencia. Pero para existir ese entorno debe ser puesto de manifiesto por quién lo demande, quién lo entorne. La relación que se establece entre entorno y comunidad es lo que se mencionaba en el primer capítulo como biopolítica, es la demanda por la vida y es justamente esa diferencia la que pondrá en movimiento el intercambio de flujos.

Amó aquella vez como si fuese la última

Besó a su mujer como si fuese la última

Y a cada hijo suyo cual si fuese el único

Y atravesó la calle con su paso tímido

Subió a la construcción como si fuese máquina

Alzó en el balcón cuatro paredes sólidas

Ladrillo con ladrillo en un diseño mágico

Sus ojos embotados de cemento y lágrimas

Sentóse a descansar como si fuese sábado

Comió su pan con queso cual si fuese un príncipe

Bebió y sollozó como si fuese un náufrago

Danzó y se rió como si oyese música

Y tropezó en el cielo con su paso alcohólico

Y flotó por el aire cual si fuese un pájaro

Y terminó en el suelo como un bulto fláccido

Y agonizó en el medio del paseo público

Murió a contramano entorpeciendo el tránsito.

 

En un primer escenario podemos reconocer a actores que se encuentran en la búsqueda de satisfacer necesidades comunes. Al encontrar la disponibilidad que satisfará dicha demanda se congregan en torno a ella y la interpelan por los flujos que necesitan para subsistir, de esta forma adquieren su identidad.

La demanda común, de esta manera, se configura como el aglutinante y como la matriz que les conferirá su identidad y que hará las veces de piel social. Lo común, además de conferirles la coherencia social que surge entre los agentes, establece las coherencias que surgen entre la estructura social emergida en su diferencia con el entorno. Actúa de esta manera como una matriz que va generando su propio contenido y a media que lo genera se va instituyendo a sí misma como un sistema que se diferencia del entorno.

Este proceso se podría describir también como: totalidades que emergen de totalidades de las que van heredando propiedades a medida que se van sucediendo definiendo, de esta manera, una resiliencia que se marca como herencia o memoria de red.

Amó aquella vez como si fuese el último

Besó a su mujer como si fuese única

Y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo

Y atravesó la calle con su paso alcohólico

Subió a la construcción como si fuese sólida

Alzó en el balcón cuatro paredes mágicas

Ladrillo con ladrillo en un diseño lógico

Sus ojos embotados de cemento y tránsito

Sentóse a descansar como si fuese un príncipe

Comió su pan con queso cual si fuese el máximo

Bebió y sollozó como si fuese máquina

Danzó y se rió como si fuese el próximo

Y tropezó en el cielo cual si oyese música

Y flotó por el aire cual si fuese sábado

Y terminó en el suelo como un bulto tímido

Agonizó en el medio del paseo náufrago

Murió a contramano entorpeciendo al público.

 

En un segundo escenario observamos que todo está en movimiento; tanto lo emergido, como el entorno, como la diferencia que se establece entre ambos, todo se mueve uno en relación lo otro. Todo evoluciona en el tiempo haciendo que desde la emergencia las necesidades, la concurrencia y la búsqueda estén en un permanente cambio que subsiste siempre.

No hay sujetos, ya que nada permanece fijo, todo evoluciona en algún sentido por lo que no se puede tampoco hablar de objetos determinados que interactúan atómicamente, sino que son singularidades que se van conformando como multiplicidad a la medida en que se van incorporando a lo emergido.

Amó aquella vez como si fuese máquina

Besó a su mujer como si fuese lógico

Alzó en el balcón cuatro paredes flácidas

Sentóse a descansar como si fuese un pájaro

Y flotó en el aire cual si fuese un príncipe

Y terminó en el suelo como un bulto alcohólico

Murió a contramano entorpeciendo el sábado.

 

El tercer escenario que se debe mirar es la diferencia que se establece entre lo emergido y el entorno, responsable de que entre ambos haya un intercambio de flujos. Ese diferencial es una verdadera diferencia de potencial, en donde los flujos se dirigen desde un mayor potencial a otro menor. El entorno, para asistir las necesidades de la emergencia, deberá proveer de los flujos que luego serán distribuidas hacia todo su interior de la emergencia de acuerdo a una hipótesis ergódica[ii], esto es, que cada agente tenga la misma probabilidad de cubrir sus necesidades a partir de la distribución interna que se haga de los flujos.

Por ese pan de comer y el suelo para dormir

Registro para nacer, permiso para reír

Por dejarme respirar y por dejarme existir

Dios le pague.

Un cuarto escenario se establece cuando vemos la emergencia como tal en relación con el entorno. En este caso las singularidades que lo conforman, los agentes, son considerados semejantes estadísticamente, ya que cada uno tiene las mismas probabilidades de recibir los recursos que necesitan de acuerdo a la hipótesis ergódica.

Para ello deberán ser capaces de movilizarse y coordinarse interiormente dentro de la emergencia a fin de que el colectivo como conjunto pueda interactuar con el entorno de la forma coordinada, favoreciendo la conducción de los flujos (ley constructal), y acortando los tiempos de respuesta ante alguna posible conmoción que provoque este último.

La similitud entre agentes, a partir del reconocimiento de unos con otros y de la confianza que adquieren a lo largo de la historia compartida aporta a que la coordinación dentro de la emergencia sea más simple.

Por esa capa de grasa que tenemos que beber

Por ese humo desgracia que tenemos que toser

Por los andamios de gente para subir y caer

Dios le pague

 

El quinto y último escenario en que se debe reparar es el conjunto total donde descubrimos que nuestra emergencia no está interactuando sola con el entorno, que otras emergencias, similares a ésta, también lo hacen y que pese a que por distintas circunstancias se hayan conformado en emergencias distintas, aún entre diferentes clases poseen mucho en común lo que posibilita, a su vez, un intercambio horizontal entre emergencia y emergencia.

Por esas vidas que un día nos van a escupir

y por las moscas y besos que nos vendrán a cubrir

y por la calma postrera que al fin nos va a redimir

Dios le pague.

 

Como se podrá apreciar esta escena es muy compleja ya que varía en el espacio y en el tiempo, y desde una no linealidad que permanente se va abriendo a nuevas dimensiones.

Oración de la fraternidad

Dios mío, concédeme serenidad,

para aceptar lo que no puedo cambiar;

Valor para cambiar lo que puedo;

Y sabiduría para reconocer la diferencia.

San Francisco de Asís[iii]

 

Esta bellísima oración de San Francisco de Asís es la síntesis filosófica con la que Francisco Varela se enfrentará en las postrimerías de su vida a un cáncer hepático terminal, como da testimonio el documental Monte Grande.[iv]

Francisco Varela es la mitad sensible de esa inefable dupla que formaran con el Dr. Humberto Maturana. Si Humberto aportaba el rigor y la disciplina científica a esa sociedad, Francisco le daría su dimensión humana. Muchos veces se los nombra de a par, pese a que sus destinos no siempre hayan estado atados. Esta faceta sensible de Francisco Varela, lamentablemente hoy muerto a una temprana edad, se pone más en evidencia cuando los dos nombres no aparecen juntos.

Tal vez haya sido el trato cotidiano con esa terrible enfermedad lo que lograra conectarlo con la oración de San Francisco, tal vez por haber sido tocayo del Santo, quién sabe, lo cierto es que en toda la vida del neurobiólogo, además de en su trabajo, se puede apreciar un permanente intento por regirse por las reglas de esta oración. Pese a su sencillez, define de la forma más profunda y acabada al constructivismo radical.

Para Francisco Varela, lo más importante de la oración es su última frase, ya que define de forma sin par nuestra finitud humana, nuestras limitaciones para conocer, y sobretodo, nuestra casi nula capacidad para poder discernir entre lo que se puede y lo que no.

A ciencia cierta no se discute lo que hay allá fuera, al margen de lo que se pueda conocer como si fuera pacto en donde se conviene lo que existe y lo que no. Si los diagramas tridimensionales de Watts muestran los distintos niveles en donde podemos coincidir unos con otros para simplificar la complejidad, desde un nivel superior hasta otro más terrenal, es a partir del constructivismo que se puede emprender el camino inverso partiendo de lo común nacido desde el pie en su camino evolutivo hasta la cima. Esto sin tener que valernos de la fantasía o de la virtualidad para lograr concertarnos en una unidad común.

Hay cosas que podemos cambiar, las que están a nuestro alcance, las que están al alcance de los que compartimos algo en común, o las que todos coincidimos en “tener que” o “poder” cambiarlas juntos.

Hay otras cosas pero que por más que queramos, por más que nuestra voluntad se lo proponga, nunca podremos llegar a cambiar, como un intento de tapar el sol con las manos. Pese a esto nos queda el intento.

Si apelamos a la soberbia de intentar cambiarlo todo, quedará en evidencia nuestra absoluta ignorancia. Si en cambio no intentamos nada, incluso aquello que sí sabemos que podríamos cambiar, esta vez es la desidia y la abulia la que quedará de manifiesto. Al pretender recorrer cualquiera de estas dos opciones lo que quedará al descubierto en definitiva, será nuestra incapacidad de poder discernir entre ambas.

La muerte es un ejemplo de lo que no se puede cambiar; sabiendo que éste es el caso, que la vida se termina, es el conocimiento el que permite que nos podamos desempeñar en el mundo de una forma u otra.

Maturana habla sobre la impecabilidad del científico. Como biólogo está obsesionado con que su trabajo sea impecable, dado que será en la contundencia de sus métodos donde sentará las bases para construir un conocimiento científico autosostenible que perdure en el tiempo lo necesaria hasta tanto venga otro nuevo en su reemplazo. Maturana no está preocupado por los resultados de sus investigaciones, sino en que los métodos de investigación y de elaboración que utiliza sean absolutamente coherentes y justifiquen los resultados. Es muy distinto conducirse por un camino a tientas sin saber donde se está yendo, que proponerse una meta y un día decir “llegué”, más allá de que se tenga la sensación de que uno apenas avanza.

El constructivismo es un camino que se construye al caminar y tiene el sentido de quien lo transita, es por eso que cuando las vidas de los biólogos chilenos se separan en tiempos del golpe militar del Chile de Salvador Allende, son los caminos los que se bifurcan, llevando a Francisco a entrar en contacto con todo una dimensión política en su intento por mantener la coherencia ideológica de lo que él había podido ser testigo. Esa perspectiva le hace ver la vida desde otros lugares, miradas distintas a la de su Chile natal, lugares que Maturana no transitará al quedar enclaustrado en su laboratorio en la búsqueda de la impecabilidad. Sin embargo esto no imposibilitará que años más tarde ambos se vuelvan a reunir para emprender nuevos trabajos juntos, incluso para que pudiesen rehacer el prólogo del hoy ya mítico libro De máquinas y seres vivos.

En esta oportunidad es la muerte quien divide los caminos. Tiempo después de las entrevistas de Monte Grande, Varela fallece víctima de una enfermedad que se empeña en mostrarle el final del camino, el no camino. Es en la negación del camino donde en definitiva lo encuentra. Los testimonios de Varela dan cuenta de lo difícil de esta empresa, y esto no se trata de un solipsismo sino, como solicita Onfray[v], de un intento por “formular las condiciones de posibilidad de un individualismo que no sea egoísmo”. Esto parecería una paradoja, sin embargo no lo es.

Carlos Castaneda también se ocupa de la vida impecable que debía ostentar un hombre de conocimiento, el chamán, que permanentemente debe buscar ese camino de conocimiento acosado por la muerte, a la cual debe tentar y retar a la vez que debe incorporarla como consejera. La brujería en Castaneda consiste en la búsqueda del camino del conocimiento y del método que justifique la senda hacia la muerte, muerte que el brujo vence mediante el conocimiento, cuando éste se evanesce y desaparece de este mundo.

Varela reconoce dos lugares bien definidos, aunque no se los pueda “tocar con el dedo” como dice… un lugar que es donde se pueden cambiar las cosas, esto siempre ocurre de “mi lado” y nunca del otro donde que no se puede conocer, que es el “otro lado”.

Es precisamente en este punto donde el constructivismo es interpelado con mayor vehemencia. Un reduccionismo de esta complejidad establecería una frontera entre el “ellos” y “yo” (“nosotros”). Como dos sujetos que se encuentran en oposición y se sintetizan. No se trata de sujetos ni de objetos, se trata de un universo que se configura y emerge a partir de lo que nosotros (yo) construimos, y no en base a lo que creemos o a ideales. Para concertarnos no es necesario creer en que tal o cual cosa sucederá o se producirá, como un proceso orientado al resultado o a un fin determinado, sino como una profesión de fe. No, ese camino está allí porque nosotros lo transitamos, si no lo hubiésemos recorrido el camino no habría estado en ese lugar. No somos ni uno que transita, ni muchos constituidos en muchos unos que transitamos los caminos. Es en el movimiento donde adquirimos la identidad que no es ni individual ni social, sino que es una identidad en relación con el camino, con el entorno, en torno al cual emprendemos el camino.

El camino al andar

Recordemos aquella definición del diccionario de la RAE que se refería a entre quiénes se daba la Fraternidad, decía: “… entre hermanos o entre los que se tratan como tales”. La identidad de la Fraternidad se adquiere al transitar un camino común. En realidad no habría una sola definición de fraternidad válida entonces, sino tantas como caminos que se recorran fraternalmente. Ya que la Fraternidad no está definida por el “quienes” la componen, incluso ni siquiera por lo que hacen, sino por la forma en que transitan ese camino juntos. Fraternidad es algo que se tiene o que no se tiene, nadie puede proponerse crear una fraternidad ya que ésta emerge sola a partir del tránsito de los caminos comunes. De la misma forma que nadie puede establecer quién es hermano de quién y de quién no, ya que esa forma se construye sola a partir de transitar los caminos juntos y es la responsable de conferirle la identidad fraternal.

 

Hay algo maravilloso sobre los fractales y es, como se vio, que no poseen ningún eje de simetría; sin embargo presentan una autosimilitud que se mantiene a medida que emergen uno de otro. Esto hace que la figura total, al partirse en infinitas pequeñas partes, muestre características de similitud entre la totalidad y cada una de las infinitas partes. Esta relación de similitud permanece invariante cualquiera sea la escala en donde se realice la investigación de la amplificación (reducción) del fractal en cuestión.

De esta manera se puede concebir al fractal como una metáfora del método constructivista. Emergencia tras emergencia el árbol fractal va extendiendo sus ramas, se va autoconstruyendo. Lo que emerge se concreta a partir de las singularidades que se van conformando en construcción común. El árbol fractal se autogenera y para lograr materializarse debe tomar los nutrientes que fluyen desde el entorno. Cada rama que extiende, lo hace a partir del mismo tronco que la soporta, y no del entorno que lo contiene y lo alimenta. De éste tomará los nutrientes y los flujos que le posibilitarán la vida, pero es la sabiduría del árbol la que le posibilitará discernir qué es lo que puede hacer y qué no con las disponibilidades que le presenta el entorno.

Cada rama remata en una puntera, como cada rama de un árbol remata en una hoja o cada árbol traqueal remata en un alvéolo, como cada cuenca de río remata en una superficie colectora. El árbol fraternal humano remata en agentes a los que llegan o a los que deberían llegar los flujos necesarios para que la vida sea posible, y estos flujos provienen del entorno, el árbol social como conjunto lo interpela por los recursos que necesita para luego distribuirlos a partir de una forma fractal.

La construcción humana, es por lo tanto, asociable a un árbol fractal con un diseño fraternal que será el encargado de asegurar que los flujos se distribuyan y lleguen a todos y cada uno de los agentes que conforman la fraternidad, por lo que fraternidad no es ninguna cosa en sí, sino una forma determinada que evoluciona en base a la distribución de los flujos en el tiempo que hace que estos lleguen cada vez con más y más facilidad a las punteras del sistema humano.

Un sistema de representación fraternal

Pero la Fraternidad no actúa sola en el sistema social humano. Vamos a definir algunos términos asociados a este diseño social para que el sistema se pueda sostener en el tiempo como lo manda la Ley constructal.

Un sistema de representación fraternal necesariamente deberá estar unido a otras nociones como son, para comenzar, la de Libertad y el de Igualdad. En El Capitalismo que Viene Juan Urrutia Elejalde la asocia a la idea de Identidad y de Rebeldía. Para completar este marco asociativo recordemos a Vega Redondo cuando destaca a la Resiliencia como una de las características más frecuentes que aparecen en diversos tipos de redes sociales. Pero hay otras nociones más, imprescindibles e indisociables de todos estos conceptos: son la de Propiedad Privada y la Hipótesis Ergódica

Pero vayamos en orden y empecemos por sus acompañantes más tradicionales, empecemos por las románticas: libertad e igualdad.

Libertad: cada agente debe ser libre de poder moverse dentro del fractal fraternal, esto permitirá que los flujos lleguen a todos los agentes en tiempo y forma a partir de lo que cada uno demande para cubrir sus necesidades comunes. Constreñirla en el espacio o retenerla en el tiempo son las dos maneras de violentarla que restringirán su capacidad de innovación y desarrollo futuro de toda la red.

Igualdad: dentro del fractal fraternal deberá estar garantizada la igualdad para que no se produzcan polarizaciones innecesarias. Pero hay que aclarar que ningún agente es igual a otro sino que estos mantienen un cierto grado de similitud que posibilita la cooperación. En realidad, la diversidad será la que posibilitará la reformulación de la red en un futuro, sin embargo para conseguir número, a la vez de cooperación, la red se deberá conformar con agentes símiles, pares o quienes “se comporten como tales”.

Propiedad Privada: Cada agente tiene un tiempo y un espacio propio que no puede ser violado, es el espacio de relacionamiento, es el espacio que ocupa el propio cuerpo y, como dicen los arquitectos los exacuerpos, que son los espacios que atañen a la posibilidad de los cuerpos dentro de una configuración arquitectónica determinada. Llamemos así al espacio libre que debe tener una silla para que me pueda sentar en ella y estar cómodo, lo mismo que en un inodoro, la altura y el ancho de una puerta para que yo pueda pasar. Todos esos espacios que permiten mi movimiento son mi propiedad privada, al igual que los tiempos que insumo para poder desarrollarme en la vida: tiempos de descanso, feriados, horas de sueño, de digestión, de trabajo, etc. La propiedad privada, o privadísima es aquel espacio y tiempo que debo preservar y usufructuar para mí para poder desarrollarme libremente. La sala de baño, o el toilette, si bien son de uso común dentro de una casa, son de uso alternativo privadísimo para cada uno de sus integrantes y esto casi siempre se respeta.

Hipótesis Ergódica: En el capítulo dos nos encargábamos de este tema, decíamos que para que un sistema social humano y fraternal cumpla con la Hipótesis Ergódica debería ser un sistema tal: “que permita que la información circule por o a través todos los nodos de toda la red; aquel donde el rastro que va dejando la información a medida que circula, mancha a todos y cada unos de los nodos con igual probabilidad”. La hipótesis ergódica le confiere universalidad a la fraternidad.

Identidad: sobre identidad Urrutia Elejalde decía que: “conforma una noción necesaria para entender un tipo de racionalidad distinto al que corresponde a la racionalidad instrumental y, por otro lado, está sujeta, en su plasmación real, a la influencia de las TIC que podrí­an muy bien generar una especie de movimiento continuo de formación, destrucción y reconstrucción de identidades”.

Rebeldía: sobre rebeldía el mismo Urrutia Elejalde advierte, como rasgo característico del siglo XXI que ésta: “constituirá la mejor estrategia para elaborar el conocimiento científico sin el que no se entiende la sociedad que va a albergar al sistema capitalista de los próximos años en los que el valor añadido relevante va a venir precisamente del conocimiento”.

Resiliencia: esta vez es Vega Redondo quien nos introduce al término de esta forma: “una vez que se ha establecido la transición, hay una importante cantidad de características que sobreviven aún en condiciones desfavorables. Una especie de memoria o de historia innata que prevalece”. Nunca se vuelve al punto de partida, en la emergencia de la red siempre hay una parte de la experiencia acumulada.

 

Estas siete nociones asociadas a Fraternidad configuran un sistema de representación al que llamaremos sistema de interacción del fractal fraternal humano, que es la base de todo sistema social. Sobre cada uno de los términos expuestos ya se ha hablado o se ha hecho mención a lo largo de todo este trabajo, cabe simplemente actualizar nuestra definición de fraternidad una vez más, esta definitiva:

“fraternidad es la forma fractal emergente que surge a partir de que dos o más agentes logran un diseño de red tal que les facilite un acceso universal a los flujos materiales e informacionales que la atraviesan y sostienen, lo que le terminará confiriendo una identidad compleja, ya que en la búsqueda de ese diseño, los agentes ganan reconocimiento y confianza unos con otros”.

 

Quién llegó hasta acá con la lectura de este libro en búsqueda de otro tipo de definición se sentirá frustrado… ¿qué es la fraternidad en definitiva? Como bien nos había señalado la intuición de José Castinneira (Aulo), la fraternidad no es una cosa sino la forma de una cosa, y no cualquier forma, una forma de red de interacciones directas tal “que facilite cada vez más la circulación de los flujos que la atraviesan y sostienen”. Y esto no poco, ya que es una emergencia ganada en base a evolución y resiliencia desde los sistemas sociales humanos más primitivos y mantenida hasta la actualidad. El sistema social humano reformula su red soporte, para optimizar evolutivamente su funcionamiento. Este elaborado diseño le permitirá al sistema nada menos que su sustentabilidad en el tiempo.

Recordemos a Zubiri cuando nos hablaba de habitud:

“Mientras la respuesta a una suscitación en una situación es siempre un problema vital, la habitud no es ni puede ser problema: se tiene o no se tiene”.

En este sentido la Fraternidad se tiene o no se tiene, no es algo que nos propongamos construir, el diseño constructal de la red que hace cada vez más fácil la circulación de los flujos que la atraviesan, se tiene o no se tiene. Si no se posee, la red estará condenada al fracaso, por el contrario si se logra, la red será más sostenible en el tiempo a medida que reformule el diseño en el sentido de que facilite la circulación de los flujos.

Nada tiene que ver, con la solidaridad, el amor al prójimo o con el gusto por estar juntos; la fraternidad es una construcción de diseño emergente que surge de la historia de las interacciones con el entorno en el tiempo. Tampoco es algo dado o cristalizado sino que se reformula en el sentido de la evolución, si las condiciones del entorno permanecen invariantes, se reformula radicalmente cuando estas últimas varían súbitamente. La primer reformulación es el paradigma al que tiende la fraternidad en el tiempo. Siempre habrá una mejor forma de funcionamiento dentro de la red, el sistema siempre podrá optimizarse. La otra reformulación no depende de ella, deviene cuando el entorno cambia de una forma tal que el grado de sofisticación de evolución a las que había llegado el sistema colapsa y debe volverse a reformular. En un régimen estacionario, la red optimiza su ecuación mediante la ley constructal optimizado la circulación de los flujos hacia sus punteras, optimiza su distribución interna para satisfacer sus demandas internas. En un régimen no estacionario, cambiante, violento, la red debe reformularse totalmente, extendiendo o contrayendo sus ramas fractales

Por último los agentes son los que se dan esa forma, más precisamente sería decir que los agentes consienten o se dejan diseñar por el fractal fraternal a fin de que el conjunto cumpla cada vez mejor con la ley constructal. Para ello la libertad, la igualdad, la propiedad privada estarán en función del diseño para cumplir con la hipótesis ergódica, sin ella una parte de la red, la no alcanzada por los flujos, perecerá con el tiempo.

¿Cómo contrarrestar este efecto? La reformulación depende de la red, no del entorno, es un proceso constructal, está centrada en las necesidades y en las demandas por esas necesidades, no en el entorno y en sus disponibilidades. Por lo que fuera del salvajismo, una sociedad humana debe elaborar respuestas inteligentes que logrará en base a conocimiento. La reformulación será fruto de un conocimiento aplicado a favor de la fraternidad.

Es por esto último que Juan Urrutia Elejalde en el El Capitalismo que Viene nos habla de rebeldía. En la tesis de su trabajo plantea que el capitalismo del Siglo XXI, el capitalismo que viene, debe basarse en una producción de valor a partir del conocimiento. Por eso que rebelarse ante este capitalismo, el realmente existente, “constituirá la mejor estrategia para elaborar el conocimiento […] que va a albergar al sistema capitalista de los próximos años en los que el valor añadido relevante va a venir precisamente del conocimiento”.

A la rebeldía no la asocia con el Mayo Francés sino más bien con la fraternidad, como una forma determinada de construir conocimiento en función de la identidad fraternal. La rebeldía saca al conocimiento de los claustros, del secreto, de las logias, de las iglesias y de la economía. La rebeldía hace circular el conocimiento de una forma fraternal y lo convierte en abundante, de forma tal que todos tengan la misma probabilidad de recibir los flujos de una manera universal y eficiente que viene dada por la red y que la actual topología, en base al conocimiento podrá reformular y actualizar una y otra vez.

Nos queda explorar, en el último capítulo, las posibilidades políticas como instrumento catalizador y dinamizador de la fraternidad no sólo del capitalismo del siglo XXI sino de toda una humanidad que emprendió la búsqueda del par para instrumentar ese cambio.

En el siglo XXI la “sabiduría para reconocer la diferencia” entre lo que se puede hacer y lo que no, de la que nos habla San Francisco de Asís, provendrá únicamente del camino de la construcción de conocimiento del que nos hablan los constructivistas radicales, pero no un conocimiento aislado, privatizado, egoísta, un conocimiento puesto en función de la fraternidad.


[i] Ver diferencia en Luhmann, Niklas – Sistemas Sociales: Lineamientos para una Teoría General, Anthropos Editorial, Rubí Barcelona. Universidad Iberoamericana, CEJA Pontificia Universidad Javeriana, 1984-1998.

[ii] Ver capítulo 3

[iii] Oración atribuida a San Francisco de Asis, que fuera formulada por el teólogo Karl Paul Reinhold  Niebuhr a quienes muchos le atribuyen la autoría de la misma

[iv] Monte Grande ¿Qué es la vida? Documental sobre Francisco Varela, producido y dirigido por Franz Reichle

[v] Política de un rebelde – Michel Onfray

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