4 – La medida de lo humano


 

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Los conglomerados y los flujos

 

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"View of the World from 9th Avenue," 1976.

Saul Steinberg Tapa de The New Yorker, marzo 29, 1976. Colección privada

En los últimos capítulos vinimos trabajando sobre la relación alotrópica que debía poseer una red de interacción directa para poder procesar los flujos que necesita para vivir y así sostenerse en el tiempo. Vimos cómo, en términos de estrategia de supervivencia, los conglomerados de todo tipo utilizaban diferentes recursos para poder solventar este problema de la relación superficie-volumen que les permitiera incorporar, procesar, sintetizar y devolverle al entorno los flujos de los que se nutren.

Un ser vivo en general tiene una tasa metabólica que está en relación directa con 3/4 la potencia de su masa según lo establece la ley de Kleiber. Es evidente que a mayor masa este ser vivo tendrá menos posibilidades de intercambio con el medio, dado que a medida que crece su masa (volumen) la relación S/V disminuye, y con ella su tasa metabólica. Igual de evidente es que el ser vivo en cuestión, a medida que va incrementando su masa, necesitará mayor cantidad de recursos del entorno para poder crecer y sostenerse, por lo que demandará de éste las cantidades necesarias y suficientes para poder sobrevivir que, a su vez, deberán estar disponibles en la medida del requerimiento. Esto es válido para cualquier ser vivo. Entonces cada organismo vivo establece un intercambio de flujos con el entorno, que dependerá de su masa corporal y de la superficie de intercambio que posee. ¿Pero, de donde obtendrá estos recursos?

El costo de la búsqueda de los recursos está en relación directa con la manera en que se encuentren distribuidos en el espacio y, como vimos en el capítulo anterior, con la capacidad que tengan las especies para evolucionar en un sentido tal que se favorezca el intercambio de los flujos con el entorno.

Pero centrándonos por ahora en el primer punto, consideremos al entorno inmediato de cada individuo como el proveedor de los flujos necesarios que las especies necesitan para sobrevivir. Lo que ocurre en realidad es que los recursos estarán disponibles en el espacio con una densidad natural que dependerá del tiempo (estacionalidad). De acuerdo a la estrategia evolutiva que escoja el ser vivo en cuestión, la demanda podrá variar también en concordancia al tiempo (estacionalidad), pero más allá de esta estrategia y de lo que necesite puntualmente en un momento dado, es evidente por lo que se dijo, que cada especie tendrá una capacidad de carga efectiva sobre el territorio que habita que está en función de las disponibilidades de los recursos existentes.

Esto se entiende como que en un entorno constreñido a las inmediaciones del ser vivo se presentan sólo posibilidades “finitas” de satisfacción a la demanda y que a partir de un punto el sistema social en cuestión podría agotar sus existencias potenciales y en consecuencia el ejemplar deberá optar entre emigrar en búsqueda de nuevas fuentes de recursos o extinguirse.

Esta ecuación necesidad-disponibilidad local estará condicionada también por el tamaño del ser vivo en cuestión, un animal de gran porte agotará los recursos locales con mayor velocidad que uno de menor tamaño. Una hectárea de materia verde (forraje) podrá alojar más ovejas que vacas, por lo que la carga de vacas por unidad de superficie será menor que la de la ovejas.

Generalizando, y volviendo al principio, también existe una alotropía que se establece en el entorno a partir de las especies que lo habitan. Esta forma alotrópica estará condicionada por la masa de los seres vivos que comparten el mismo espacio-tiempo, sus tasas metabólicas, sus capacidades de desplazamiento y la geometría del intercambio; esto desde una perspectiva propia del ser vivo. Pero el medio ambiente como un ser vivo más, presenta su propia evolución alotrópica en el tiempo, que a su vez estará condicionada por el uso o el abuso que hacen del medio las colonias que lo habitan.

La carga de individuos por superficie o por volumen de recurso, también se ve restringida ante la cantidad de miembros de una misma especie. Así, cuanta más masa tenga el ser vivo en cuestión, menor será el número de miembros de esa especie que se podrán alojar por unidad de superficie. Esto induce a que la separación entre individuo e individuo será mayor cuanto más grande sea su masa corporal, no sólo por el consumo efectivo que puede hacer de los recursos locales sino también por la depredación que pueda hacer para la obtención de esos recursos. Es conocido lo devastador que pueden ser los elefantes en los parques naturales de África, incluso derriban árboles en búsqueda de alimentos.

Este intercambio de flujos metabólicos entorno-organismo vivo estará condicionado, en consecuencia, por la masa de la especie en cuestión, lo que constriñe la capacidad de las especies de mayor tamaño a constituirse en conglomerados numerosos. Animales de gran porte tenderán a estar más distanciados unos de otros en términos espaciales en pos de poder mantener una carga por unidad de superficie que sea sustentable, a la que llamaremos colonia.

Este es un proceso que parece sencillo e inmediato al estudiarlo. De antemano se sabe la carga admisible que pude poseer un predio cualquiera para alojar una determinada cantidad de ejemplares de una especie, por ejemplo cuando se pretende hacer un rodeo de vacunos o se estudia el manejo de un rebaño de ovejas. Esto se puede constatar en la Patagonia donde los campos se cotizan de acuerdo con la capacidad de ovejas que puedan alojar, que nada tiene que ver con la superficie real del predio, dato a considerar como es costumbre, al tasar la mayoría de los inmuebles. Una vez establecida la colonia en el predio, más si está confinada a un territorio fijo, deberá procesar la información para coordinarse en función de la administración de sus recursos.

No se aprecia en el ejemplo dado por Garret Harding en su trabajo La tragedia de los comunes[i] que sea una sola oveja la que depreda, o la que más coma tratando de sobrevivir, sino que es la majada como conjunto la que colapsa por el desmadejo del predio Entre las ovejas no existe la acumulación o el acaparamiento en función de una ventaja determinada como un elemento competitivo instaurado en el seno del grupo. Todas sobreviven o colapsan en racimo y de la misma manera.

El ciclo de histéresis que se presentó en el capítulo anterior se presume inocente; sin tensiones, sin condicionamientos, sin especulaciones, sin terceras intenciones. Si por algún motivo, en algún momento dado, se interfiriera con la forma natural que utiliza la colonia para autoorganizarse y coordinarse dentro del lazo de histéresis, lo que se lograría es que la red reconfigure sus interacciones apartándose de los patrones de ordenamiento naturales.

Porque una cosa es que la naturaleza nos imponga gradientes jerárquicos en el tiempo y en el espacio, o que haya ordenamientos secuenciales entre lo que realmente ocurre o lo que debería ocurrir primero; otra muy distinta es cuando se echa mano desde fuera del lazo de esas jerarquías u ordenamientos de la naturaleza con arreglo a un resultado determinado. A la capacidad de poder interferir en este tipo de estructuras jerarquizadas lo llamaremos “poder”. Por lo que deberíamos hacer una distinción entre necesidades naturales comunes y concurrentes, y órdenes establecidos artificialmente.

También existe un orden concurrente intrínseco a la red que tiene que ver con su diseño en función de la posibilidad de circulación de los flujos, la Ley constructal. Este orden jerárquico evolucionó como consecuencia de la selección natural, a través del tiempo, para hacer que los flujos que la atraviesan, pudiesen circular con una facilidad cada vez mayor. Las otras jerarquías que no son propias u originarias de los sistemas sociales se basan justamente en una pretensión de manipulación o de intervención sobre la libre circulación y adaptación natural de esos flujos.

Los seres humanos no podemos escapar a estas generales de la ley. Estamos prisioneros de un cuerpo, que más allá de una mente pueda volar libremente, depende del estricto régimen metabólico a partir de sus necesidades, al igual que de un entorno con sus capacidades limitadas para satisfacerlas. ¿Podrían los seres humanos vivir en el hacinamiento de una construcción espacial en oposición a estos flujos? La respuesta es que sí pero a un costo cada vez mayor, por lo que su sustentabilidad en el tiempo estaría seriamente condicionada.

Sin embargo la distancia geográfica entre los miembros de una colonia no es la única responsable en la búsqueda de los recursos; la organización social en términos de coordinación para la interacción se hace imprescindible a la hora de obtener todo tipo de resultados. Como se citó a Vega Redondo, la similitud entre pares aporta también al éxito de la búsqueda. Es por eso que estas dos dimensiones en donde se realiza la búsqueda plantea la verdadera distancia entre comunidad y recursos. A mayor coordinación entre pares, mejores resultados; a mejor distribución en el territorio, mejor desempeño en la acción.

Pero esta similitud no es una "igualdad", ni siquiera una semejanza, es una paridad que aportará el conocimiento y la confianza de todos con todos, imprescindible para la constitución de cualquier comunidad. Sin embargo, en la vida hay algunos lazos más fuertes que otros, y aún en redes entre pares subsiste un gradiente de paridad que hace que nos sintamos más afines a unos pocos y, que a medida que recorremos la red en el sentido de este gradiente, los lazos se hacen cada vez más y más débiles hasta que a partir de un punto, se extinguen.

Esto también plantea una nueva jerarquía en términos de distancias de red, no se trata de una red de computadoras P2P donde cada máquina es exactamente igual a la otra con la que esta conectada, la jerarquía se plantea en base a un gradiente de interacción dentro de la red. Es sólo un ordenamiento de afinidad, de conocimiento y confianza, que establece jerarquía. Más adelante en este capítulo volveremos sobre esto.

Si recordamos el primer capítulo, podríamos decir que esta jerarquía no se establece en términos de distancia en saltos que un agente debería dar para comunicarse con cualquier otro dentro de una red, sino del camino imaginario que se debe recorrer a través de los vínculos para que los agentes encuentren algo en común. En un árbol de parentesco esto se ve claramente. No es lo mismo que tengamos a una madre, que a una abuela o a un tío en común. Sin quererlo se plantean jerarquías familiares que por sí solas no indicarían nada. Veremos luego que son de estas jerarquías de las que se vale la selección natural para evitar el incesto y así posibilitar la hibridación entre distintas familias.

Todo es una cuestión de identidad grupal

Duncan Watts et all en el paper Identity and search in social networks[ii] y en el libro citado, se involucra con los árboles jerárquicos. Todo surge a partir de los aportes que hace Kleimberg a sus trabajos.

“La clave para entender la paradoja de la distancia en redes sociales es que podemos medir "distancia" de dos formas diferentes, y tendemos a confundirlas. La primera es la distancia a través de la red. De acuerdo a esta noción, la distancia entre dos puntos, A y B, es simplemente el número de enlaces en el camino más corto que los conecte. […]

Recordemos que el haber trabajado con redes de afiliación lo familiarizó con la idea de identidad social.

¿Qué sería la identidad social de un grupo en términos de red social, entonces?

Como una primera aproximación podríamos decir que identidad de red es la manera que tienen los miembros de una red social de relacionarse unos con otros. Esta podría parecer ser una definición tonta, pero no lo es, ya que la forma de interacción que tienen los miembros de un grupo social es una característica en sí misma, que los miembros tienden a respetar y sostener en el tiempo, porque aunque pretendieran cambiarla, tendrían que contar con el consenso de todos para hacerlo. Esto configura un verdadero equilibrio de Nash, de tal manera que visto desde un observador externo, el grupo social tiende a cumplir con un repertorio de interacciones características propias de ese grupo social, que lo distinguen de otros grupos. Cuando decimos cosa nostra sabemos perfectamente de qué estamos hablando, pero para que alguien pueda ser identificado como perteneciente a la cosa nostra deberá ser coherente con las interacciones que nosotros adjudicamos a una identidad mafiosa.

En la red, las interacciones se representan mediante líneas que unen un nodo con otro. Tener dos nodos vinculados, sea cual fuere el tipo de vínculo, significa que hay una interacción directa entre ambos nodos, por lo que el grafo de la red, (la topología de la red), nos dará una idea de su identidad. No entraremos por ahora más allá de este punto en lo referente al tema de las identidades de red, pero volviendo a Watts este autor nos dice:

“…Los individuos no forman simplemente parte de grupos. También tienen una forma de organización dentro de una especie de espacio social que les permite medir su similitud o diferencia con los otros”.

Hacen esto de una forma similar a como Saul Steimberg imaginó el mundo desde la 9na avenida de Nueva York, la lámina que ilustra este capítulo. Watts explica que partiendo de un todo, el mundo, cada uno de nosotros comienza a simplificar su complejidad al dividirlo en partes más pequeñas. Primero en partes grandes, luego más pequeñas, más y más pequeñas hasta lograr un despiece del mundo en fracciones simplificadas, de manera tal que desde esa perspectiva se vuelvan "manejables". Estos son los pequeños grupos interaccionales a los que nos hemos venido refiriendo en todo este trabajo.

Así se vería el mundo, desde la perspectiva del modelo propuesto por Watts:

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"Cuanto más alto en la jerarquía uno tiene que ir para encontrar un agrupamiento común, más distantes estarán dos individuos”.

Las distancias que se crean al particionar al mundo de esta manera, no son como las que se señalaban en una primera instancia en términos geográficos, éstas son distancias de agrupamiento social por afinidad, por homofilia como la llama Watts, que es un parámetro que mide la capacidad que tienen los agentes en la red para buscar a alguien parecidos a ellos mismos. ¿Qué tiene en común Diego Maradona conmigo? Tal vez lo más cercano que tengamos en común sea el gusto por el fútbol.

En consecuencia en una red altamente homofílica la afiliación entre agentes sólo será posible entre aquellos pertenecientes a grupos de interacción directa muy pequeños. Lo que da como resultado una red altamente fragmentada en pequeños clusters cerrados y muy homogéneos. Como contrapartida, una red con homofilia igual a cero será una red centrada en individuos con una gran capacidad de afiliación a larga distancia, lo que nos introduce en una nueva dimensión en la teoría redes sociales, la multipertenencia.

Además de la distancia topológica que da la geografía de los saltos que los agentes tienen que dar para relacionarse unos con otros, existe otra "distancia" en términos de similitudes identitarias. Dice Watts:

"La distancia geográfica sigue siendo importante, pero también lo son la raza, la profesión, la religión, la educación, la clase social, los pasatiempos [el fútbol en el ejemplo citado] y la afiliación a las organizaciones.” Cabe agregar: entre otras muchas.

 

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En este gráfico Watts nos muestra cómo C puede estar geográficamente cerca de A y muy separada de B; por otro lado C puede trabajar en mismo empleo que B… que a su vez esta muy separado, en términos de ocupación, de A. Por lo tanto mientras C está muy cerca de los otros dos mientras, estos últimos se mantienen muy distantes

Cada uno de los tipos de Watts, representa una identidad en particular, a la que se puede adherir o no, lo que significa cumplir con determinadas reglas resultando el costo de romperlas en concordancia con el valor del parámetro de homofilia. Cuanto más homofílica sea la red, mayor será el castigo por traicionar sus reglas y más cerradas serán las redes sociales.

Si entendemos a la moral como una ley de la morada, una ley del hábitus, la ley del lugar donde se vive, como un repertorio de normas con el que debo cumplir para poder vivir en armonía con mis cohabitantes; hacer un acto inmoral significará romper algunas de esas reglas. Pero si bien la moral nos habla sobre las reglas de convivencia de un lugar determinado, muchas veces se confunde con la identidad del grupo. Al ser ésta una norma local, nada nos habla de las reglas que se deberán cumplir a la hora de mantener las otras distancias sociales a las que se refiere Watts, medidas en términos de lo común. Esta confusión trae no pocos problemas. Para ejemplificar lo dicho podríamos aseverar que en mi casa yo cumplo con un conjunto de leyes a las que llamo “moral familiar”, pero estas leyes de morada de ninguna manera influyen para que al mismo tiempo pueda ser hincha de club de fútbol, lo que no significa que los otros hinchas del club del que simpatizo deban cumplir con las reglas de mi casa, ni tampoco que yo por eso pierda identidad.

Se abre así toda una multidimensionalidad en las relaciones sociales: cuanto menos dimensiones tenga esa multidimensionalidad, menor será la capacidad de relacionamiento para fuera del microcosmos de la red que se teje con las interacciones interpersonales directas. Por el contrario cuanto mayor sea la multidimensionalidad, las oportunidades de entrar y salir del grupo pequeño serán mayores. Estas serán redes más cosmopolitas.

La identidad social exhibe una multidimensionalidad natural que permite que los mensajes viajen más allá de sus fronteras, permite la innovación y la adaptabilidad.

La cuestión de la individuación

-Buenos días- dijo el principito.

-Buenos días – dijo el guardavías.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó el principito.

-Formo con los viajeros paquetes de mil y despacho los trenes que los llevan, tanto hacia la derecha como hacia la izquierda.

Y un rápido iluminado, rugiendo como el trueno, hizo temblar la cabina de guardavía.
-Tienen mucha prisa- dijo el principito. -¿Qué buscan?-

-Ni siquiera el conductor de la locomotora lo sabe- dijo el guardavía.

Y un segundo rápido iluminado rugió, en sentido inverso.

-¿Ya vuelven?- preguntó el principito.

-No son los mismos- contestó el guardavía. -Es un cambio-.

-¿No estaban contentos donde estaban?

-Nadie está nunca contento donde está- dijo el guardavía.

Y rugió el trueno de un tercer rápido iluminado.

-¿Van persiguiendo a los primeros viajeros?- preguntó el principito.

-No persiguen absolutamente nada –dijo el guardavía-. Duermen o bostezan allí dentro. Sólo los niños aplastan su nariz contra los vidrios.

-Sólo los niños saben lo que buscan- dijo el principito. -Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos, y si se la quitan, lloran…

-Tienen suerte- dijo el guardavía.

Este fragmento de El principito de A Saint Exupery nos introduce a otro texto del economista Juan Urrutia Elejalde “A la individuación por la pertenencia”. Urrutia Elejalde en se ocupa del tema de “la traición” como pasaje necesario hacia la individuación.

La posmodernidad ha habilitado, cada vez con mayor fuerza, la posibilidad de la multidimensionalidad en las relaciones humanas. Pertenecer a varios grupos sociales, compartir similitudes con más de un grupo social, abre la posibilidad de la multipertenencia. ¿Qué quiere decir esto? Que se puede pertenecer a más de un grupo social sin temor a una sanción por traición o con una sanción menor que en otros tiempos. Sin embargo esta multipertenencia no es gratuita, siempre algo hay que pagar por traicionar a la identidad a la que uno pertenece; involucrarse con más de un grupo social, nos va individualizado en un proceso que Urrutia Elejalde llama individuación por la pertenencia. En el core del trabajo citado dice:

“Mientras las decisiones de una persona están dictadas, en su mayoría, por la identidad del grupo al que pertenece, menos auténtica es su individualidad. Para convertirse en un individuo genuino y autónomo, la persona debe despojarse de las señas del grupo al que pertenece (o al menos de algunas). Tiene que ir liberándose de aquellos rasgos que comparte con los demás miembros del grupo (y con quienes interactúa) y pasar a compartir rasgos culturales alternativos que identifican a los miembros de otros grupos. Pero para ello no tiene más remedio que traicionar”. Los paréntesis son nuestros.

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Esto funcionaría así:

Supongamos que a pertenece a una red social "A" que tiene una identidad de pertenencia a la red M pero que por algún motivo, a decide interaccionar con miembros de la red B con identidad N. Este cambio de forma de interacción puede ser total o parcial y en consecuencia tendrá costos en función de las diferencias que existan entre las identidades M y N. Cuanto más antagónicas sean, mayores será el costo de la doble pertenencia o del alejamiento, como contrapartida, cuanto más similitudes tengan, menores serán los castigos con que la sociedad amenazará a quién pretendan separarse. Si representamos esto desde la tradicional teoría de conjuntos veremos al agente individualizado como un habitante de la intersección de los dos diagramas de Venn que se intersecan justamente en él mismo (puede ser en él o en muchos más). Si llevamos este esquema al extremo, nos encontraremos un espacio multidimensional que conforma una nube de esferas públicas que tienen como intersección al propio agente en cuestión, lo que lo caracteriza como rasgo "individual", ya que sólo él muestrará esa conducta producto de la intersección, entre los otros que se consideran similares (pares). En el caso del ejemplo MNÑ.

Siguiendo a Urrutia Elejalde:

“en el límite de este proceso el agente individual más o menos “repe” (repetido) se ha convertido en un individuo genuino en el sentido de que ha conformado un vector de rasgos culturales que sólo a él lo identifican”. Y concluye que “se puede, por lo tanto, decir que el individuo se hace tal, a través de la pertenencia a diferentes grupos a los que traiciona secuencialmente”.

Advierte además que "

el proceso de individuación no tiene fin y, además, no creo que fuera bueno que lo tuviera, pues, además de perder oportunidades de acceder a la autenticidad perderíamos diversidad”. Podríamos agregar, libertad, matiz, creatividad.

La multipertenencia configura la individuación.

Urrutia Elejalde concluye que:

especulando un poco, podríamos decir que cuanto más fuerte son las identidades más costosa es la traición y tanto más creíble y profunda, a pesar de todo, se lleva a cabo”.

No creeque el imaginario cultural colectivo converja a uno dado". Sería bueno rever todo el sistema de pertenencia a los partidos políticos, también rever los conceptos de nación, soberanía, las identidades religiosas, todos ellas inmóviles y perennes; para abrir un gran debate sobre los límites de las pertinencias y las traiciones.

¿Pero entonces existen o no existen las jerarquías en los sistemas sociales entre pares?

Las jerarquías no existen, son construcciones fantásticas que nos dicen cuan cerca estamos unos de los otros en términos de similitud, como una medida narcisista que nos da la sensación de cuan distinto de mí mismo puede ser el otro para que yo pueda aceptarlo como un par. Esta categorización de las relaciones sociales se establece primeramente como una medida de las afinidades que tengo con los otros miembros de la red. Pero recordemos que también existe otra dimensión, la real, la que mide la separación geográfica que tienen los agentes tomada de a saltos, otra jerarquía totalmente distinta a la primera en su origen, ya que esta vez es una distancia natural que se establece a partir de las necesidades materiales que tienen los cuerpos para sobrevivir, por lo que dependerá del gradiente de distribución en el espacio y de la disponibilidad de los recursos necesarios para satisfacer nuestras necesidades fisiológicas. Esta última jerarquía, de la que hablábamos al principio de este capítulo, tiene un origen distinto, nace del ordenamiento que nos impone la naturaleza a partir de la circulación de los flujos y la ley Constructal.

Si se observa el modelo de las distancias sociales de Watts que está representado en los gráficos de más arriba, es inevitable que surja la pregunta de qué hay o qué significan las intersecciones que se dibujan entre rama y rama del árbol invertido. Si fuera este un grafo de red en esos vértices habitaría un nodo, pero… ¿hay nodos allí?

Sería honesto confesar que estos puntos, las horquetas de las ramas del árbol jerárquico, nos despistaron por un buen tiempo. Si lo que Watts quería significar con ese diagrama era las multidimensionalidad de las redes sociales, por qué no había dibujado un punto en ese lugar ya que toda red en cada vértice tiene un nodo. ¿Pero, tenían un nodo en cada vértice estos esquemas de búsqueda de lo común?

En una primera aproximación al tema nos parecía que no, ya que sólo se trataba de una desconstrucción del mundo en función de una simplificación de su complejidad basada en puntos de contacto por similitud, por lo que éste no debería ser un esquema de red. Después de todo, si ampliábamos el esquema al cosmos o a Dios, debíamos situar al Nodo Dios o al Nodo Cosmos al tope y en ese caso qué agente encarnaría a Dios o al Cosmos. Pensamos en la posibilidad de Nodos Virtuales que funcionarían como nodos reales pero que en realidad serían fantasías inmateriales. Pero esto tampoco nos convencía.

Un esquema de anillos concéntricos

Este razonamiento nos llevó considerar la posibilidad de un esquema materialista cercano al marxista. Si los lazos que se establecían realmente respondían a las necesidades materiales de los cuerpos, del tocarse, del grooming (acicalamiento, mimos) de Dunbar, las emociones, el sexo reproductivo, la alimentación, el trabajo físico; los otros lazos qué significaban. ¿Existían realmente o eran solo culturales o virtuales?

Esta es la pregunta del millón por estos días en la teoría de redes sociales. Y dudamos (en realidad subestimando su gran capacidad) de que Watts con sus colegas por esos días tuvieran una noción real lo que su modelo multidimensional nos quería decir.

Robin Dunbar en uno de sus últimos trabajos "The social brain hypothesis and the relevance to social psychology" vuelve sobre su enigmático número y reflexiona sobre una jerarquía relacional que se dan los agentes para interaccionar unos con otros en forma directa. Hace hincapié de una intencionalidad, o mejor dicho un gradiente de intencionalidad en la interpretación del otro que cada uno de nosotros utiliza en una red de interacción directa. Y nuevamente, esa intencionalidad estaría en relación con el desarrollo del neocortex cerebral en los simios superiores.

Es curioso, este antropólogo que pasa a la fama por el enunciado de su célebre Número de Dunbar, se ve en la obligación de retomar el tema de la hipótesis del cerebro social. Sea cual fuere su razón, lo cierto es que Dunbar vuelve sobre el tema y redobla la apuesta. Él era el que había arriesgado su pellejo de antropólogo al enunciar aquel 147,8, sin embargo nunca aseguró que el número de miembros medio en un grupo de interacción directa de humanos fuere de 147,8. Esto surge de las especulaciones que provocó su hipótesis. Lo que dice Dunbar, simplemente, es que existe una correlación entre le neocortex del cerebro de un gran número de simios y el número de miembros en las redes sociales de interacción directa que estas especies conforman. Nosotros agregamos que por ser simios estas interacciones directas se reducen a las puntualizadas más arriba: las necesidades materiales de los cuerpos, del tocarse, el grooming, las emociones, el sexo reproductivo, la alimentación, el trabajo físico, entre otras. Concluye Dunbar, a modo de especulación, que si establecemos la misma correlación para el cerebro del humano, nos dará el Numero de Dunbar, como bien se explicó en el capítulo anterior.

Especulaciones sobre especulaciones llevaron a medir ese número para redes sociales como Facebook, cosa totalmente fuera de lógica simplemente porque en Facebook es imposible acicalarse unos con otros. Fecebook posibilita relaciones virtuales y la de los monos son relaciones sociales reales, tangibles y sin ningún tipo de intermediación. Es desde ese punto que se toma la dimensión material, una dimensión totalmente terrenal, la dimensión geográfica de Watts, aquella que sólo se da en un espacio local y aunque a algunos no les guste, incluso restringida a los territorios. Pero claro, los humanos no somos monos y tampoco estamos constreñidos a las posibilidades de un solo territorio, es por eso que tenemos la multidimensionalidad de Watts y la multipertencia de Juan Urritia Elejalde como articuladoras de las relaciones sociales.

En The social brain hypothesis and the relevance to social psychology (2007) Dunbar se basa en este otro trabajo que realiza con W -X Zhon et al: Discrete hierarchical organization of social group sizes (2005), donde se involucra en la búsqueda de algún camino que lo lleve a una corroboración científica de su hipótesis. Al hacerlo descubre algo igual de interesante que su anterior trabajo. Dice:

“las comunidades humanas, como las de todos los primates, no son agrupaciones sociales homogéneas. Ellas están muy estructuradas: no todo el mundo interactúa con todos los demás. Una forma de pensar en esto sería como una serie de círculos de conocidos que rodean a un individuo, o más bien como las ondas de difusión en un estanque desde el punto de impacto de una piedra. En un estudio reciente (Zhou et al 2005), hemos podido demostrar que el tamaño de estos distintos niveles de agrupación tienen una razón de escalamiento consistente y natural que es casi exactamente tres. El número de personas que se incluyen en cada una de las capas sucesivas es típicamente de 5, 15, 50, 150, 500 y 1500. Estos parecen corresponder a los siguientes grupos humanos bien categorizados:

· apoyo a la camarilla de los mejores amigos (5),

· simpatizantes del grupo (12-15),

· el número de personas en contacto de al menos una vez al mes (30-50)

· la red social (150),

· mega-hordas en sociedades de cazadores-recolectores (500)

· y los grupos tribales (1500).

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(Tenga en cuenta que cada nivel incluye a todos los individuos incluidos en las capas interiores, por lo que la 15 incluye los 5 que forman la capa más interna)”.

Mi red Ego, en consecuencia, estará interaccionando en su núcleo duro con un máximo de otros cuatro agentes, que están relacionados muy íntimamente con el Ego, luego en un anillo más lejano se sitúa un número de quince, que son las relaciones frecuentes pero de menor importancia o necesidad que las primeras cinco. Luego habla de un anillo que llega hasta los cincuenta miembros, que son los que frecuentamos en forma rol en un frecuencia no muy dilatada en el tiempo. Y situado en el límite de la “red social”, se encuentran aquellos agentes con quienes el Ego se relaciona muy de vez en cuando. De acuerdo a este esquema la distancia máxima a recorrer dentro una red de este tipo, es decir de 150 miembros, en términos de afinidades, serían cuatro pasos.

Lejos de haber saldado la primera discusión, estos trabajos vuelven a conmocionarnos con esta otra serie de números de afinidad. Lo que importa en esta descripción de Dunbar es que existen anillos concéntricos que establecen un vector en los enlaces a medida que me alejo del Ego. Señala que la capacidad de esos anillos pueda estar limitada, tal vez por una imposibilidad propia del cerebro humano para procesar un número de relaciones mayor a las dadas para cada jerarquía. Dice, al igual que en su anterior trabajo, que cada relación requiere de un tiempo para ser cultivada, siendo más demandantes (en tiempo) cuanto menor sea el anillo del que se trate. Incluso dice que:

si alguien se aleja, el hecho de que podamos contactarnos con menos frecuencia, inevitablemente significa que nuestra relación poco a poco se deteriorará”.

Dunbar nos hace notar aquí que no es sólo tiempo lo que invertimos en cada relación directa, sino que la separación física también se constituye en un escollo para las interacciones directas.

Este verdadero materialismo dialéctico de las redes sociales de interacción directa nos hace poner recurrentemente los pies sobre la tierra, ya que si bien la afinidad es un ideal, en el pequeño mundo del número de Dunbar su dimensión ideal, inmaterial se desvanece en términos de lo que el antropólogo categoriza como “grados de familiaridad o de intimidad” para darle paso a la otra dimensión, la material. Si consideramos un límite para la red social de interacción directa, pongamos el número de Dunbar: ese límite establecerá una frontera entre la materialidad de las relaciones humanas desde una dimensión local y otra global.

Si bien esta transición es discreta los cambios no son abruptos desde 1 a 150, ya que las otras dimensiones se van incorporando de a poco, pero a partir del límite, la red se aleja definitivamente de lo real y adquiere una dimensión puramente virtual.

El esquema relacional multidimensional de Watts

Watts usa el mismo mecanismo para explicar un fenómeno puramente humano, la multidimensión. Por eso en su modelo jerárquico representa, en el plano terrenal, a los pequeños grupos que podríamos asimilar al número de Dunbar, ya que son las necesidades materiales de los cuerpos las que se atienden dentro de estos clusters.

Sin embargo su dibujo se presta a confusión cuando quiere representar la multidimensionalidad del mundo, y es por eso que no se entiende si en las intersecciones de los árboles hay nodos o no. Nosotros nos permitimos reinterpretar el gráfico original de Watts de la siguiente manera.

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Esta es una representación en el espacio del modelo de Watts y aquí sí se puede apreciar mejor el plano xy donde se sitúan los clusters dunbarnianos. En el eje de la z se representan las jerarquías comunales (en nuestro caso hasta jerarquías de tercer orden) representadas por arcos concurrentes a puntos de intersección que No son nodos (los globos de colores son simples representaciones gráficas que significan que todos los agentes unidos con lazos de un mismo color comparten algo en común y entre ellos conforman otro cluster, distinto al cluster dunbarniano, basado en una concepción Ideal de lo común). En este caso lo común no es algo material, agua, alimento, hijos, etc.; sino que es algo propio de la creación humana, es algo ideal.

Esto además explica y grafica la multipertencencia de Urrutia Elejalde, ya que un agente cualquiera, pertenece a su cluster dunbarniano pero también podrá pertenecer a otros clusters, representados por lazos de colores, lo que encaminará su proceso de individuación dentro del grupo dunbarniano.

Para concluir este capítulo diremos que el modelo multidimensional de Watts, a partir de los últimos trabajos de Dunbar y de la teoría constructal, puede reducirse a un modelo bidimensional en donde los clusters dunbarnianos se sitúan en el plano xy material de la tierra y la otra dimensión la ocupará la búsqueda de lo común, representada por una idea narcisista que pretende afirmar las similitudes y descartar las discrepancias que tienen los otros con mi Ego. Esta última dimensión es propia del homo sapiens sapiens, y a pesar de su carácter ideal, también necesita de flujos para poder interaccionar con los otros. Lo más curioso es que estos flujos, pese a ser también inmateriales, están restringidos por la misma ley constructal que condiciona a los materiales. Como bien señala Dunbar, el agente debe hacerse de un tiempo para poder establecer la interacción con el otro, además el neocortex cerebral tiene una capacidad limitada para procesar la información: sea grande o pequeño el grupo, siempre es el mismo cerebro el que debe atender las comunicaciones, es por eso que selecciona, delimita y prioriza el tráfico de su información deconstruyendo un mundo complejo para simplificar su comprensión.

Influencers-Shminfluencers: A Podcast with Duncan Watts

http://www.mpdailyfix.com/2008/02/influencers_shminfluencers_a_p.html


[i] Ver el capítulo 1 en lo referente a la Tragedia de los comunes

[ii] Identity and Search in Social Networks – Duncan J. Watts, Peter Sheridan Dodds, M. E. J. Newman Sicence (2002)

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  1. agosto 27, 2009 en 1:41 am

    Este capitulo me gusto,porque tiene mayor concretidad o tal vez me acostumbre al estilo,como pasa con la lectura de todo liibro.Buenos ejemplos.Uso de un lenguaje que dice de otro modo loque hemos estudiado en sociologia y en psicologia social sobre el tema de grupos de pertenencia.

  1. octubre 24, 2012 en 9:47 pm

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