10 – La Forma Fraternal


 

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Fotos aéreas del Burning Man, autor

“El profesor Openshaw perdía siempre la calma con un fuerte puñetazo dado sobre cualquier parte, si alguien lo llamaba espiritista o creyente en espiritismo. Pero esto, sin embargo, no agotaba sus explosivas facultades; porque también perdía la calma si alguien lo llamaba incrédulo en espiritismo. Tenía el orgullo de haber dedicado toda su vida a la investigación de los fenómenos físicos. También se enorgullecía de no haber dado nunca a entender que fueran realmente físicos o meramente fenoménicos. No había nada que lo complaciese más que sentarse en un círculo de devotos espiritistas y hacer minuciosas descripciones de cómo él había puesto en evidencia médium tras médium y fraude tras fraude; porque, realmente, era un hombre de talento detectivesco y claridad de ideas una vez que había fijado su vista en un objeto, y siempre la había fijado en un médium como en un objeto altamente sospechoso.

Existía una historia de cómo él había reconocido a un mismo charlatán espiritista bajo tres disfraces distintos: con vestido de mujer, con barba blanca de anciano y como un brahmán de brillante color de chocolate. Estos relatos dejaban a los verdaderos creyentes más bien sin reposo, cuando en realidad era lo que intentaban alcanzar. Pero apenas podían quejarse, ya que los espiritistas no niegan la existencia de médiums fraudulentos; sólo que las desbordantes narraciones del profesor parecían indicar que todos los médiums eran fraudulentos”.

La ráfaga del libro [“The Blast of the Book” de Gilbert K. Chesterton].

El patrón fraternal en una red de interacción social distribuida involucra un tipo de conocimiento que deberá incluir un nuevo sistema de representación cognitiva, NO absolutista, NO categórico y esencialmente que NO se sustancie en una lógica binaria que genere terceros excluidos, una nueva lógica que haga posible esa arquitectura. Como explica Maruxa Armijo[1]:

"¿Qué pasa con el Profesor Openshaw? ¿Se contradice, niega que ser espiritista o no serlo agota todas las alternativas posibles o simplemente se rehúsa afirmar tanto E como no-E mientras no tengamos o una prueba o una refutación? (base del pensamiento constructivista)

Este cuento, que en palabras de Borges “simula ser policial pero es mucho más”, al inicio nos propone un enigma a primera vista indescifrable, sugiere después una solución no menos mágica que atroz, y por fin arriba a la verdad que procura ser razonada y razonable

Los principios que gobiernan la maquinaria de la deducción lógica fueron establecidas por Aristóteles hace más de 2300 años y en la lógica tradicional son tres: identidad, no-contradicción y el tercero excluido. Los tres son tan obvios que pareciera indigno fijarse en ellos.

  • El principio de identidad afirma que toda cosa es igual a sí misma. A es A. De P siempre se infiere P.

  • Según el principio de no-contradicción ninguna cosa puede ser y no ser. A no puede ser B y al mismo tiempo no ser B. Dos proposiciones contradictorias (P y -P) no pueden ser las dos verdaderas.

  • Al principio del tercero excluido la lógica tradicional lo formuló así: o A es B o A no es B. Ahora lo leemos del siguiente modo: o bien P es verdadera, o bien su negación (-P) lo es. Entre dos proposiciones contradictorias no hay una tercera posibilidad, la tercera está excluida.

Estos principios fundamentales de la lógica se identificaron con las leyes del pensamiento y por lo tanto, no se cuestionaron, simplemente porque eran incuestionables. Ya lo decía sutilmente Aristóteles: no se puede desatar al que no se ha dado cuenta que está atado".

Si el “mundo occidental” se inicia con los griegos, con ese mundo se inaugura el sistema lógico que sostiene toda la arquitectura del pensamiento occidental. Hay una relación directa entre las estructuras matrízticas descriptas a lo largo de este trabajo y la lógica del pensamiento que soportó a esas culturas y que precisamente hoy ya no existe más. Por eso cuando se establece el patriarcalismo no llega solo, sino que lo hace de la mano de una nueva forma de pensamiento que se hace del conocimiento en base a una nueva estructura lógica. Es difícil precisar exactamente cuando se cristaliza o se instaura el tríptico descrito más arriba, lo cierto es que la ciencia moderna toma su forma a partir de él, especialmente luego en la modernidad. Por lo que una nueva lógica que soporte a un nuevo sistema de representación se hace imprescindible para lograr que, a partir del conocimiento, el diseño fraternal pueda ser posible y adaptable racionalmente.

Creemos que es la posmodernidad la instancia donde se insinúa una superación de este tríptico lógico que describe Armijo. El tercero excluido comienza a ser derrotado a partir de Heisember con su principio de incertidumbre, y a partir nuestro, cuando podemos constatar y convencernos de que la producción de valor es posible, que no todo es dinero, que el otro no es alguien a hacer desaparecer, a excluir porque no es ni A ni B, sino que es alguien a quien debo asistir en forma fraternal. Cuando entendamos que tenemos necesidades comunes y que no es cierto que todos seamos sólo de una determinada manera y No de otra; volveremos a ser más tolerantes a la diversidad… entonces la fraternidad hará su ingreso a escena para posibilitar la empresa de la vida.

El poder de las redes

David de Ugarte[2] recuerda una máxima acuñada por el ciberactivismo español de los años noventa, que es el tema central de su segundo ensayo El poder de las Redes”, que decía así: “bajo toda arquitectura de información se esconde una estructura de poder”.

Si a cada sistema le subyace una arquitectura de conexiones reales o virtuales que conforman una red que hace que ese sistema sea posible, la “estructura de poder” estará en directa relación con el patrón topológico que se configura en la red y una consecuente lógica de funcionamiento. Un ejemplo de esto es lo que advierte Augusto de Franco cuando dice “todo lo sustentable tiene patrón de red distribuida[3]” y a la red distribuida le asigna una categoría de “red madre”. En ese caso la estructura de poder es la sustentabilidad y el patrón del sistema es la red distribuida.

Es como si a un sistema democrático le analizásemos la estructura de gobierno que le subyace. En el caso de la república, la estructura republicana será la que posibilitará que el sistema democrático opere sobre ella y en donde se esconderán, en consecuencia, su lógica de funcionamiento y las estructuras de poder.

Hay una relación intrínseca entre estructura de poder y arquitectura de red. Las redes sociales y el diseño Fraternal deberán mezclarse en la política cuando pretendamos dar ese paso en favor de la democracia en el sentido fuerte de la palabra. Como marca Augusto de Franco[4], esto es ganar cada vez más democracia a partir de la “desconstrucción de autocracia”. Un sistema democrático, en consecuencia, será aquel que avance sobre la estructura de su arquitectura en la dirección de un diseño cada vez más fraternal.

Porque fraternidad es justamente eso, una matriz que se autogenera y se preocupa por la universalidad de la distribución de los flujos que la atraviesan que en este tipo de arquitectura se traducirá en sostenibilidad en el tiempo para la red. Estas topologías se pueden establecer en base a demandas sociales, tesis marxista-laclausiana o en base a acuerdos, tesis roussoniana-republicana. Lo realmente importante, no es cómo se establece ese patrón de red fraternal sino que efectivamente se tenga, que realmente sea una red fraternal. Ya que la historia nos relata que por momentos este patrón ha impuesto desde una tesis agonal, en otros ha sido posible un acuerdo republicano no violento el que pactó un patrón de red de estas características. Lo cierto es que para que la Fraternidad prospere habrá de establecerse desde el espacio de las demandas algún tipo de acuerdo, tácito o no, que posibilite la coordinación en el sentido de la forma fraternal.

El siglo XIX fue el siglo de libertad, donde el pueblo comienza a liberarse de las autocracias monárquicas y de otros tipos. Recién en ese siglo logra ser dueño de su propia vida.

El siglo XX fue el de las grandes reivindicaciones sociales, el siglo de la igualdad, en donde se igualaron los derechos del hombre y la mujer, el voto calificado tiende a desaparecer y se instrumentó el voto directo en muchos casos. En los países socialistas esta igualdad se practicó de una forma universal, aunque coercitiva.

El siglo XXI necesita de algo más y está probado que ese algo más no viene de la mano de un capitalismo salvaje. Por esto las dos doctrinas imperantes del siglo XX no han podido solucionar el problema del patrón de red, ambos sistemas han escondido en su seno una estructura tal, que no les ha permitido librarse de la acumulación de poder en función de intereses autocráticos, por ende la democracia en estas condiciones se ve seriamente afectada hasta tanto no se avance hacia nuevos padrones de red, esta vez más fraternales.

Lo interesante de este enfoque sobre los sistemas políticos más tradicionales del siglo XX es que ambos establecieron su sistema sobre arquitecturas de poder centralizadas o centralizantes que dan en consecuencia gobiernos autocráticos. La solución a este conflicto es salirse del sistema, crear otro paralelo y autónomo, con una lógica nueva no binaria, que tenga de base una red distribuida de diseño fraternal, en donde no se puedan esconder polos de poder, sino que en su reemplazo exista una red con un grado de distribución tal que no permita focos de acumulación de flujos para que estos no puedan ser “manejados” de forma autocrática, sino democrática.

La emergencia de la fraternidad

En el capítulo anterior veíamos que la fraternidad no era nada en particular, sino que se tenía o no se tenía, entonces cómo se podría construir una red fraternal sin fabricarla. El diseño fraternal se establece en el tiempo y evoluciona en la medida que la arquitectura facilite la circulación de los flujos que la atraviesan. En el caso contrario si se restringe la circulación de los flujos nos apartamos del sistema fraternal y nos aproximamos nuevamente hacia otro sistema, esta vez autocrático.

Esta intervención de los flujos se puede dar en dos lugares, a partir de la restricción de las disponibilidades como una generación artificial de escasez; en este caso lo que se centraliza e interviene son la disponibilidades globales que satisfacen el todo. O mediante la intervención de los flujos internos; una vez dentro del seno de la red, los flujos son conducidos de tal manera que no cumplen con la ley constructal y que no lleguen efectivamente con la misma probabilidad y fluidez a cada uno de los agentes que la componen. Si no se cumple con la ley constructal o la hipótesis ergódica; esta vez los que se están interfiriendo son los flujos desde el lado de las necesidades internas de lared.

 

Planteamos el siguiente problema. Supongamos que somos el capitán del Titanic en el momento del choque con el iceberg y que constatamos, para nuestro asombro que el indestructible barco se está hundiendo y no cuenta con los botes salvavidas suficientes para todos.

Del lado de las disponibilidades no tenemos los botes salvavidas suficiente para atender las necesidades del pasaje. Por pericia y estructura jerárquica dentro del barco soy yo el que tiene que organizar el abandono del barco.

Vamos a plantear varias alternativas y las vamos a organizar en dos grandes grupos

En el primero las posibilidades el capitán serán:

  • Mandar a los marineros armados a seleccionar a los pasajeros de primera clase para que suban a los botes mediante una acción coercitiva armada. Son los que han pagado el boleto más caro.
  • Mandar a los marineros que llenen los botes de acuerdo a como vayan llegando los pasajeros a los mismos.
  • Igual a la anterior, priorizando el acceso a las mujeres y los niños.
  • Salvarse él y su tripulación abandonando el barco.
  • Pegarse un tiro.

En el segundo grupo el capitán podrá:

  • Organizar a los pasajeros en los botes.
  • Organizar los botes de forma tal que puedan albergar más pasajeros que para los que fueron diseñados.
  • Repartir salvavidas.
  • Tirar por la borda mobiliario del barco que haga las veces de bote salvavidas, como roperos, mesas, puertas.
  • Repartir frazadas.
  • Abrazar y besar a los pasajeros, e incentivarlos a que ellos lo hagan también.
  • Elevar una plegaria colectiva.
  • Bailar en la cubierta.
  • Enseñar a nadar.
  • Concertarse con otros para acciones colectivas.

Ambas listas son muy escasas y muestran unas pocas soluciones posibles. El problema global del barco se podría resolver de otras formas, más o menos dramáticas que las aquí planteadas, pese a esto lo que salta a la vista es que todas las resoluciones del primer grupo son mucho más autocráticas e inhumanas que las del segundo, más allá de cual se trate. Esta apreciación se basa en que en el primer lote se agrupan las intervenciones de los flujos (los pasajeros que quieren subir a los botes) en el punto mismo de intersección de las disponibilidades, por lo que cualquier medida tomada afectará a los pasajeros y la tripulación como un todo. En el segundo casolas necesidades se resuelven desde el mismo lugar donde se produce la demanda por salirse del barco que se hunde. Hay una relación directa entre lo humano, las necesidades y cómo poder satisfacerlas cuando se descubre que estas son comunes.

Este ejemplo, por lo trágico y urgente, oculta la sutileza de que dentro del segundo grupo las soluciones a las demandas que se puedan instituir podrán ser de índole materialista, (pelearse por subir a los botes), o racionalistas, (discutir quien sube primero, cómo, donde, de que forma, etc.), o incluso religiosas Esto es crucial porque si no se llega a advertir que los sistemas humanos se desarrollan entre estos dos planos, se estará negando una parte muy importante de nuestra humanidad: la posibilidad de resolver los conflictos mediante un procesos no materialistas.

Si el salvajismo imponía la ley de la selva, exclusívamente materialista, en donde prevalecía el más fuerte, físicamente hablando, en la evolución de los sistemas humanos hoy se hace cada vez más difícil negar la posibilidad de una resolución de los conflictos a partir de un acuerdo racional. Lo que agrega una nueva dimensión al repertorio de estrategias, a la vez que complejiza el problema entre los humanos. Esta doble posibilidad de resolución hace que se establezca una pugna entre los sistemas llamados “civilizados” y los que no lo son, a los que nos referiremos como populistas.

Y esto tiene que ver con nuestra doble función interaccional, podemos y necesitamos relacionarnos tanto de manera racional como emocionalmente, ya que no podremos insistir más con  ser absolutamente racionales, porque nos olvidaríamos de los cuerpos y de los flujos materiales que nos sostienen; como tampoco podremos ser absolutamente materialistas, bregando por alimentos o “groomings” que nos hagan sentir acompañados, ya que las posibilidades que nos da el conocimiento nos abre todo un nuevo repertorio de posibilidades antes vedadas pero que hoy se constituyen como nuevas posibilidades de sustentabilidad para la comunidad, por ende atractivas para explorar.

El diseño fraternal ataca ambos planos al mismo tiempo ya que no hace una discriminación de los flujos que atraviesan la red, no discrimina entre necesidades, si estas demandas tienen un origen emocional o pertenecen al campo de la racionalidad, se focaliza en el acuerdo para hacerse de la mejor forma entre las necesidades de todos. Necesidades son necesidades y deben ser satisfechas para que los agentes puedan realizarse como comunidad y puedan evolucionar y ser sustentables en el tiempo como colectivo. El diseño fraternal se preocupa por “los flujos” desde las necesidades dado que si detecta una demanda “sabe” que debe satisfacerla más allá del origen de la demanda o de la solución que se le ofrezca.

De esta forma se supera aquello planteado por los hackers españoles que recordábamos al principio de este capítulo, dado que una arquitectura fraternal no puede esconder ninguna estructura de poder, salvo que se considere así al hecho que la red como colectivo adquiera poder al hacerse más apta, más resistente. Esto, de alguna forma negaría el sentido que le damos la palabra poder, en cambio se ajustaría más al neologismo empoderizar o empowerment que se refiere a cuando la red adquiere un mayor potencial como conjunto, un potencial no localizado ni dirigido, simplemente una mayor capacidad para realizar alguna tarea. 

Nos preguntamos si este fenómeno fraternal se puede dar a nivel local, glocal o global. Nuevamente debemos recurrir al diseño de circulación de flujos que subyace al sistema en cuestión. Si atendemos interacciones exclusivamente materiales, el grooming, entendemos que el fenómeno fraternal se dará casi exclusivamente de modo local. Si consideramos otro tipo de interacciones como las racionales, veremos que la distancia, a partir de las TICs, es un problema cada vez menor. Las comunicaciones hoy son globales, manteniéndose un sistema de interacciones comunicativas que ya no dependen exclusivamente del territorio, sino del alcance de esas tecnologías.

 

A ahora bien, decíamos que las interacciones materiales se mantenían “casi exclusivamente” en el plano de lo local, dado que todavía no existe un aparato o maquinaria que pueda reproducir en nuestros cuerpos las sensaciones producidas a distancia. Esto de ninguna manera excluye el hecho que en un futuro no muy lejano, como en un ejemplo que da Humberto Maturana, no se pueda inventar un traje que nos introduzca en una realidad virtual y que haga pasible una interacción amorosa entre una pareja separada una de la otra a cada lado del globo. Ese día las interacciones directa habrán superado la terrenalidad, por lo que, en ese caso, también será el diseño fraternal el que posibilite esos flujos mediatos.

Dicho esto sería bueno volver sobre aquello que nos enseñaba el biólogo chileno referente a las sociedades matrízticas. Como matrízticos calificaba a los sistemas sociales humanos centrados en la madre, sistema que es mayoritariamente sometido en la historia por los patriarcales pero que aún subsisten y se enseñan en nuestros días desde la niñez hasta la adolescencia, en donde la relación entre los adultos y niños no está condicionada por ninguna autoridad. Las sociedades matrízticas se basan en el diseño fraternal que se aprende durante la niñez y que permanece durante toda nuestra existencia permitiendo que la relaciones entre los humanos sean posibles. Y esto no tiene que ver con el vientre que nos engendró o con una hermandad en el sentido de parentesco, tiene que ver con un diseño típico de las familias que crían niños en donde las necesidades y las demandas de estos hace que los flujos deban circular libre y gratuitamente hasta ellos para que sus vidas puedan franquear el camino hacia a la adultez. Es desde este diseño, anterior a la familia, de donde se hereda la idea de fraternidad, dado que esta es la única forma posible de que un ser recién nacido se pueda hacer al mundo.

En psicología se describe a una de las primeras etapas de desarrollo del niño con la denominación “perverso polimorfo”, categoría asociada a la patología (de adultos) que se caracteriza por que el sujeto siente placer con todas las partes de su cuerpo (polimorfo, de cualquier forma). Ese niño debe ser asistido para satisfacer sus necesidades libidinales que todavía no están localizadas en ningún lugar de su cuerpo, por lo que para satisfacerse, su demanda es enorme y el entorno debe asistirlo para que lo pueda lograr. Nadie puede mediar o racionalizar estos flujos demandados por el infante, tampoco a nadie se le ocurriría hacerlo, ya que la vida del mismo bebé depende del suministro de estos flujos materiales y emocionales, por lo que la madre representa ese suministro generoso. La madre, la mama, el flujo irrestricto desde las disponibilidades de la mamá hacia la necesidad del niño totalmente indefenso, totalmente demandante.

La fraternidad se termina imponiendo por la demanda, por la demanda material o por la demanda racional que termina movilizando lo social y provoca el acuerdo. Si esa movilización demandante, durante el industrialismo, fue eminentemente material, durante la segunda guerra mundial del siglo pasado mutó hacia una demanda por el dinero, el papel moneda y el dinero electrónico. Es por causa de una falla o colapso de estos sistemas capitalistas que la sociedad postmoderna debe lograr hacerse de nuevos flujos en la medida que los antiguos se van centralizado, mediatizando y concentrando en manos de unos pocos que se los apropian.

Es allí donde Juan Urrutia propone un nuevo capitalismo centrado en la creación de valor a partir del conocimiento, no es casual que él también hable de fraternidad unida a rebeldía para lograr ese nuevo capitalismo que viene. El conocimiento deberá ser de libre flujo, abundante y universal y facilitado por el uso de las TICs.

En el capítulo anterior veíamos que la autoconstrucción pasa principalmente por la creación o la autogeneración de conocimiento, o mejor aún, pasa por la libre circulación de los flujos informacionales que posibilitan la creación de conocimiento. En ente caso conocimiento no significa tecnología, sino la capacidad de resolución de los problemas del sistema social, para que los flujos sean capaces de llegar de una forma universal a todos los miembros de la red.

Que la fraternidad no se puede crear o fabricar, es verdad a medias. Se puede intervenir en su construcción para que los flujos se muevan con una facilidad cada vez mayor.

 

La teoría de redes sociales, a partir de Salomón Asch y Duncan Watts, nos enseña que existe una masa crítica, a partir de la cual los cambios dentro de un sistema se suceden de forma inevitable, este efecto se produce tanto desde el número (cantidad de agentes que adoptan el cambio), como desde la desde la razón. Todo esto posibilitado por el tipo de red que subyace al sistema social del que estemos hablando. Por lo que nuevamente poco importa, como en el caso del ejemplo del Titanic, cuales son las causas que movilizaron al sistema social o si estas son de índole material o racional, sino que el sistema se mueva, y reaccione en un sentido y ese sentido sea en favor del acceso a las disponibilidades.

Esta dualidad heisembergiana nos habla de que socialmente no podemos ser totalmente racionales [republicanismo abstracto] ni totalmente irracionales [masa amorfa], a veces, como el fotón, nos comportamos como onda-racional, otras veces nos comportamos como masa-partícula materialista.

El principio de incertidumbre de Heisemberg introduce una estaca en el corazón de la mecánica newtoniana y a partir de él nada quedará igual; el mundo no podrá ser representado como un conjunto de ladrillos cartesianos que constituyen el todo, los científicos descubren que hay nuevos fractales debajo de cada fractal, tantos como científicos que los estudien, como tecnologías que los miden.

A partir de la fraternidad los hombres y las mujeres ya no pueden considerarse como corpúsculos materiales ni como flujos portadores de sentido. La fraternidad es en definitiva lo que media entre el ser individual y el ser social tradicional.

Si el patrón deseado o buscado para el siglo XXI es el de una red distribuida que garantice la sostenibilidad, la estructura de poder que la genere será necesariamente resiliente y estará obligada articular su diversidad para sostenerse en el tiempo, y eso necesariamente implica encontrar lo común de la demanda desde dentro de la necesidad… y esto sólo será posible a partir de la fraternidad.

 


[1] Maruxa Armijo “De cómo la lógica se volvió tolerante” 2000

 

[2] En una exposición sobre su libro “De las naciones a las redes

[4] Augusto de Franco “Alfabetización democrática” 2008

  1. agosto 26, 2009 en 7:33 pm

    Con respecto al ultimo capitulo debere profundizar su lectura,pero como el tiempo es peor que el Titanic observo que “el siglo de la fraternidad”apunta hacia una salida que es similar a la que pienso como sintesis de nuestra mejor herencia cultural:la sintesis del humanismo moderno con lo rescatable del cristianismo en el amor al projimo,salida de esta confusion y entrega posmoderna en que nos encontramos.

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